domingo 3 de mayo de 2009

Literatura vs. Cine

Hace unos meses encontré un libro de una maestría insuperable, y no pudo caer en mis manos en mejor momento. Casi casi parecía escrito para mi, para la situación que estaba viviendo en ese momento, para ser leído justo ese día:

"La insoportable levedad del ser", Milan Kundera

Una (me corrijo: tres) historias de amor maravillosas, la dualidad entre dos polos opuestos, el cuerpo y el alma, con mil frases increíbles (para el próximo post). Lo leí bastante rápido, lo releí bastante lento. Se convirtió, sin lugar a dudas ni reclamos, en mi libro favorito.

Haaaasta que... me enteré que había sido adaptada al cine y me bajé la película. Ya no puedo siquiera verlo en mi biblioteca sin que me den arcadas de asco. Intenté volver a leerlo, pero ahora me imagino la cara de los imbéciles de los actores, el pueblo deprimente, la escenografía mediocre, la historia recortada.
Y estoy otra vez en la búsqueda de mi libro favorito. ¡Qué mierda de película!

Me pasó lo mismo con "El código Da Vinci" (patética adaptación), "Cumbres Borrascosas" (aunque el libro de por si no tiene mucho brillo), "Náufrago", y muchos etcéteras que no recuerdo ahorita. No sé porqué insisto en mirarlas y decepcionarme.
Las historias siempre se ven más lindas en mi imaginación.

Literatura y cine no son compatibles, disculpame que te lo diga.


Arena en los zapatos

Ok, por fin una buena. Más que buena, se merece inaugurar la categoría IMPERDIBLES.

Juan Sasturain. No podía ser malo, pensé. Y creo que es la primera vez que acierto. No me gustan los policiales, jamás había leído uno y pensaba morirme sin hacerlo (fuck you, Agatha Christie). Lo elegí por error en la biblioteca y muy a mi pesar empecé a leerlo.
Terminé mudándome a Playa Bonita por cuatro días y enamorándome de Etchenike.

¡¡Por fin volví a encontrar un libro que me traslade a otro mundo!! Perdí (gané, invertí) 10 horas de mi vida. Los pisos sin lavar, los muebles sin limpiar, mis hijas sin bañar, la cena sin comprar, la noche sin dormir. Pero qué placer.
Sin duda, un libro que no se puede leer si no es corridito y al hilo.

Gracias, don Sasturain, por tan brillante historia.


(El libro era de la biblioteca y no pude doblar las puntas de las páginas... les debo las frases brillantes)

Soñario (Mempo Giardinelli)

La contraportada dice que es un libro deslumbrante. A mi me pareció deslumbrante... una ESTUPIDEZ magnánima y deslumbrante.

Pasarte 30 años de tu vida despertándote a la madrugada para anotar tus patéticos y estúpidos sueños... todo un mérito. Pero de ahí a decir que son deslumbrantes, cuando en realidad son insulsos como todos los sueños que tienen todas las personas del mundo... qué ganas, eh. Qué ganas de hacerle perder el tiempo a la gente que (mea culpa) se deja llevar por los comentarios de editores que tienen el trabajo de venderte el libro, aunque sea una mierda bien encuadernada.
Ni siquiera los sueños eróticos son "leíbles".

Rescato, de 252 páginas, un renglón y medio:

"...y yo me siento pájaro, y ella es flor, y ambos somos el mundo entero, un mundo feliz en que lo único imperfecto es saber que, finalmente, voy a despertarme en algún momento."


Soy coleccionista de frases, por si a esta altura aún no se dieron cuenta.

Sin relación

Querer levantarte a alguien insistiéndole hasta el cansancio para que te acepte la "cita sorpresa" y, cuando finalmente acepta, llevarla a comer a un restó japonés (chino, whatever) sin siquiera molestarte en saber que el pescado es lo que más odia en la vida... deja en evidencia que tenés muy merecida tu medalla de PAJERO.

sábado 21 de marzo de 2009

¿Y de qué se trata todo esto?

Este blog solía ser una exposición de mis logros tolerando dolores, pero de un día para el otro borré todas las entradas dejando mis lastimosas fotos perdidas seguramente en algun cilindro de los discos de respaldo de Google. Y me alegra, porque mi etapa masoquista no es una parte de mi vida que quisiera borrar.
Pueden deducir ahora el porqué el título tan poco representativo para un blog pseudo literario. No quise cambiarlo, me gusta. Pero mi vida necesitaba un cambio. Ya no tenía ganas de sentir cómo empezaba a funcionar mi sistema nervioso cuando la vara impactaba en mi piel. Fue interesante experimentarlo, pero ya lo hice y ahora hay que pasar a probar otra cosa.

¿Pueden adivinar? Sí. Ahora lo que me interesa dilucidar es cómo hace la mente para procesar en imágenes las palabras que lee. No voy progresando mucho, me pongo a leer y me olvido que quería averiguar algo. Pero descubrí que puedo encontrar respuestas a preguntas irrespondibles. Hace un tiempo estaba leyendo el libro "Los hijos y los límites", del genial Jaime Barylko, y encontré una frase que me maravilló.

La felicidad, insisto, es un fragmento de cosa fresca y estimulante, ese algo que en un instante te hace pegar un salto y te transporta en un breve éxtasis más allá de todos tus problemas cotidianos y te hace sentir que ahí, en momentos como ése, exactamente ahí, está el sentido de la vida.

Yo siento ese éxtasis del que habla Barylko cuando una de mis hijas se cuelga de mi pantalón para hacerme agachar, y sin que yo diga ni haga nada, me besan y me abrazan. Ahí se para el reloj, y me siento caer muy, muy hondo, pero colmada de felicidad.

La felicidad se mide por el grado de serenidad que produce, esa sensación de estar bien, de sentirse una buena parte de un buen mundo.

Mis hijas, y sólo una persona más, lograron parar mi reloj y hacerme caer.
"En momentos como ese, exactamente ahí, está el sentido de la vida".

viernes 6 de marzo de 2009

¿Cómo se transmite el amor por los libros?

En suma, le enseñamos todo acerca del libro cuando no sabía leer. Le abrimos a la infinita diversidad de las cosas imaginarias, le iniciamos en las alegrías del viaje vertical, le dotamos de la ubicuidad, liberado de Cronos, sumido en la soledad fabulosamente poblada del lector. Así descubrió la paradójica virtud de la lectura que consiste en abstraernos del mundo para encontrarle un sentido.
Sí, le enseñamos todo acerca del libro.
Abrimos formidablemente su apetito de lector. ¡Hasta el punto, acordaos, hasta el punto de que
tenía prisa por aprender a leer!

¡Enorme traición!
Formábamos, él, el relato y nosotros, una Trinidad cada noche reconciliada; ahora él se encuentra solo, delante de un libro hostil.
La ligereza de nuestras frases le liberaba de la pesadez; el indescifrable hormigueo de las letras ahoga hasta sus tentaciones de sueño.

Le iniciamos en el viaje vertical; él se ha aplastado por el estupor del esfuerzo.
Le dotamos de ubicuidad; ahora está atrapado en su habitación, en su clase, en su libro, en una línea, en una palabra.


Esa cita de Daniel Pennac es una de las tantas lindas que tiene el libro, y la transcribo porque me dejó pensando... ¿cómo saber cuál es la mejor forma de introducir a nuestros hijos en el placer de la lectura? ¿Y cómo saber que no nos vamos a equivocar y conseguir exactamente lo contrario? Y si nos damos cuenta tarde, ¿cómo podemos remediarlo?

Todas las respuestas están en este maravilloso libro, "Como una novela". En el mismo libro, Pennac nos cuenta la historia de un profesor de literatura que tuvo que enfrentarse a una clase de 35 chicos a los que "no les gustaba leer". Y, por supuesto, la historia termina de mil maravillas con 35 chicos devorando libros. Y aunque a decir verdad me pareció un poco irreal, puede que el método no haya estado muy equivocado.

Otra de las perlas que tiene este "ensayo", son los diez "derechos del lector":

1) El derecho a no leer.
2) El derecho a saltamos las páginas.
3) El derecho a no terminar un libro.
4) El derecho a releer.
5) El derecho a leer cualquier cosa.
6) El derecho al bovarismo.
7) El derecho a leer en cualquier sitio.
8) El derecho a hojear.
9) El derecho a leer en voz alta.
10) El derecho a callamos.

Y quiero copiar la explicación de "El derecho a callarnos", porque me parece increíblemente cierta:

El hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal. Vive en grupo porque es gregario, pero lee porque se sabe solo. Esta lectura es para él una compañía que no ocupa el lugar de ninguna otra pero que ninguna otra compañía podría sustituir. No le ofrece ninguna explicación definitiva sobre su destino
pero teje una apretada red de connivencias que expresan la paradójica dicha de vivir a la vez que iluminan la absurdidad trágica de la vida. De manera que nuestras razo­nes para leer son tan extrañas como nuestras razones para vivir.

Bloque entrecomillado

El resto se los dejo por descubrir, pero el libro no tiene desperdicio. Es muy gracioso, y sin embargo consigue la forma de hacer que nos replanteemos lo que vemos como realidad, y que sintamos una dicha enorme de ser lectores.